sábado, 5 de octubre de 2013

LA PRIMERA CÉLULA


Algunos descubrimientos científicos no tienen la repercusión social  que se merecen. Uno de ellos, a mi entender, debería estar presente en todas las aulas de los centros escolares por sus enormes implicaciones antropológicas. Es imposible que el ser humano se conozca a sí mismo sin entender su verdadero origen biológico. Es más, hoy en día comienza a ser evidente la existencia de datos objetivos que prueban como la cooperación entre las primeras entidades vivas se impone a la mera depredación como motor inicial de la evolución. Hablaremos sobre esto en otra entrada del Blog.

¿ Cual es el descubrimiento al que nos referíamos?, pues la afirmación de que todas las células de  los seres vivos, animales, plantas, bacterias y demás categorías de entes con vida que puedan existir en un nuestro planeta, descienden de una única e inicial célula, una autentica Eva celular.




Para entender bien la importancia de  esta afirmación deben explicarse otras cuestiones.

En primer lugar hay que hacerse a la idea de que esa primera célula nació desde la materia inerte: la vida se genera mediante la combinación de elementos que, de una u otra forma, estaban presentes en la tierra. Es precisamente en ese intervalo donde se centra la cuestión, compleja y misteriosa, del origen de la vida.

No hay antecedentes de procesos previos o de estructuras similares anteriores a la primera célula con vida que, de alguna forma, se generó. De la materia existente en la tierra nació esa célula, y si se ha seguido este blog ya sabemos que esa materia procede, toda, de una teórica e inicial explosión denominada Big Bang.

Pero, ¿ qué pruebas hay de que descendemos, o incluso ascendemos, de una única e inicial célula?.

Digamos que hay dos tipos de pruebas. Las primeras hacen referencia a elementos que son comunes en todas ellas y que, por lo tanto, refieren la existencia de un único modelo inicial del cual evolucionó el resto de células. Por ejemplo, el tipo de membrana que todas utilizan para separarse del “ exterior”, o la absoluta coincidencia, en todas, de lo que se conoce como metabolismo celular: es idéntico en todas las células ya que todas siguen un único modelo. No hay ninguna evidencia de otros " ensayos " que permitan suponer una competición evolutiva, una selección natural entre varios experimentos de estructuras celulares que permitiesen subsistir a la que mejor se adaptó a su lugar en la tierra.

Pero, sin duda, la segunda prueba es la que mejor ilustra nuestra afirmación inicial: el código genético es el mismo en todas las células, sin excepciones relevantes. Por lo tanto, todas las especies del planeta utilizan ese mismo código genético; tanto las células de un riñón humano como las de la antena de una hormiga descienden, sin dudas, de la primera célula que, por lo que vemos, tuvo un acierto en su composición realmente inmejorable ya que, sencillamente, no se generó por competencia.

Afirmar que el código genético es el mismo en todas las células no tiene sentido si además no se explica qué es el código genético.



El código genético es un conjunto de reglas ( como un diccionario) que transforma el ADN en proteínas, y las proteínas son precisamente un conjunto de aminoácidos ( bases químicas, es decir, uniones de átomos de elementos existentes en la tierra) que son las encargadas de ejecutar todas las tareas de las células: conforman su estructura, regulan su metabolismo, etc.

Es decir, el código genético es una especie de software que traduce el ADN para crear proteínas ( conjuntos de aminoácidos). Pues bien, ese software es el mismo en todas las células, y por lo tanto ya que todas usan el mismo todas derivan de un inicial código genético, o software, que necesariamente ( si no se admiten otras opciones) se generó desde la materia inerte.

La escala de complejidad hacia la vida tiene una estructura como la siguiente:


TOMO

Es decir, que los átomos iniciales existentes en la tierra conformaron moléculas de las que, simplificando, se deduce la célula inicial.

 Hay otra forma de ampliar esta secuencia si se prefiere: de la nada existente antes de la generación del Universo nace un estallido, de ese estallido se generan condiciones en un planeta ( que sepamos) que generan átomos los cuáles, al unirse, determinan moléculas que, resultando ser complejos químicos, producen complejos de polímeros ( proteínas) que, no sabemos cómo, generaron una única célula de la que todos descendemos. Posteriormente, y no es menos relevante, esas células, siguiendo ese código genético, crean estructuras que derivan en animales, plantas, bacterias, etc..

Ya lo advertí al principio, es sorprendente, o debería serlo: sólo existe un código, un diccionario, un software que todos los seres vivos aplicamos. Las células que el lector de este Blog tiene en su cuerpo proceden, directamente, de ese software inicial que es el mismo que usó la primera célula hace miles de años, pero las de su perro, o las de un estómago de cocodrilo, también.

Como siempre decimos en este Blog uno puede pensar que todo esto sucedió “ a lo Monod”, esto es, porque sí, sin que nada estuviese ordenado para ser así, pero no se negará que esta pasmosa unicidad y su proyección posterior permiten perfectamente entender lo contrario, es decir,  que algo o alguien estableció las condiciones para  que así fuese.

















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